Erase una vez un niño que soñaba, y soñaba tanto que un día se miro y no supo si él era o no un sueño. Pero ese no era el problema, ya que siendo él un sueño podría su realidad ser un sueño, y así soñar por siempre, el problema era que una vez una niña, en otro sueño, le había dicho que el mas que sueño era una pesadilla. Asique, con ese dilema soñarencial, emprendió viaje para saber si acaso el era un sueño o una pesadilla.
En un día de su sueño, o en un sueño de un día (difícil saberlo) se encontró con un erudito de los sueños, quien le dijo que para entender si él era un sueño o una pesadilla primero debía comprobar netamente que él era un sueño, ya que hijo, si acaso no eres un sueño, pasara que te someteré a la prueba de si eres sueño o pesadilla, prueba que es fatal para otros seres que no son ni sueño ni pesadilla, y si no eres ninguno de los dos, morirás. Piénsalo bien hijo, puede que en vez de eso solo seas producto de tu propia imaginación y no un sueño como crees. Luego de que el anciano sabiondo le dijese aquello, emprendió viaje para saber si era un sueño o era producto de su propia imaginación. En la noche de ese día, o de ese sueño (Imposible determinarlo) se encontró con un pensamiento. El pensamiento era extraño, difuso, era más un sentimiento que un pensamiento para el niño, pero parecía pensamiento de lejos. Se acerco a él y le pregunto: ¿Por qué tu, siendo pensamiento, te vez tan como sentimiento? Fue entonces que el pensamiento se despejo, se levanto y le dijo “Vuélveme a tratar de tú y te dejare solo como una fantasía. Y no te metas en lo que no te importa” Gracias a él supo dos cosas, que no era producto de su propia imaginación, y que el pensamiento era la razón de alguien para estar enojado, por eso se veía tan difuso.
En la mitad del camino se durmió, y soñó que despertaba, con mucho sueño, se iba a la escuela, jugaba en el patio, se aburría en clases de historia, volvía la casa, comía, veía televisión se dormía y en ese momento se despertaba, justo cuando una carreta estaba a punto de atropellarlo por dormirse en el medio del camino. Cuando hubo pasado el susto, se levanto y fue a casa del viejo sabiondo, pero el viejo no estaba, asique decidió bajar al pueblo cercano para ver qué pasaba. Hacía poco que al pueblo había llegado una empresa rara con nombre de tierra o arena, algo así, que según ellos habían venido a invertir en este pedazo de tierra que más que el fin del mundo parecía la izquierda del mundo, y que lo único que querían era dar trabajo y prosperidad a la zona. Con la empresa también habían llegado otras más, y también mucha gente que hablaba raro, se vestía raro, olía raro, y parecían raros. Muchos de ellos actuaban con tal frialdad y velocidad que hacían creer que ellos creían que el mundo se iba a acabar. Y mientras veía este extraño ir y venir de extraños, por entremedio el niño vio al anciano sabiondo con dos bolsas de papel, con cara de afligido, y contagiado por el ritmo de elmundosevaaacabar que todos llevaban, así que corrió a su encuentro por el tumulto de raros extraños y sorprendió al anciano a tal punto que este soltó las bolsas por unos instantes, mas el niño las tomo a tiempo del aire para evitar una catástrofe.
El viejo lo miro con cara de desconocido y le pregunto que qué quería, a lo que el niño le contesto lo mismo que la tarde del sueño anterior, o del día anterior, y el viejo le dijo que el ya no tenía la máquina para saber si era sueño o pesadilla, que el anciano con nombre de tierra o arena, dueño de la empresa con nombre de tierra o arena, se la había comprado, y que la única forma era que él le pidiese a ese anciano que le dejase usar la maquina. El niño le miro y le pregunto el motivo de la venta, y el anciano le mostro las bolsas de papel llenas de botellas. El niño le quito la mirada, le dijo algo que no correspondía a su edad y corrió en dirección a la empresa. Lo que sea que el niño le haya dicho al anciano, provoco que este jamás nunca volviera a llegar a la casa.
Cuando el niño intento entrar al recinto, un tipo con cara de escudo le dijo que las puertas de ese lugar estaban siempre abiertas y que cualquiera podía entrar, pero ahora no podía dejarlo entrar, entonces el niño mirole con desilusión, para luego golpearlo con la cabeza en el estomago, o al parecer un poco más abajo, ya que la cara de dolor fue horrible, y corrió hasta las escaleras. Subió los 28 pisos del edificio hasta llegar a la cúspide del mismo. Ahí cayó dormido, presa del cansancio, y soñó que despertaba en medio de una calle, y que no había nadie más, y que mas allá, en el suelo, había una puerta, y que la misma estaba abierta, y que sobre el dintel de la puesta había un tipo, con cara de pocos amigos, que le decía que por fin había cumplido su sueño, y luego el tipo se lanzaba hacia la puerta abierta, y cuando pasaba el umbral de la misma esta se cerraba y entonces despertó en la azotea del edificio, con frio producto de la altura, mientras frente a él había un tipo extrañamente familiar, que estaba sentado frente a un escritorio leyendo o corrigiendo algo. El niño se acercó y le pregunto si acaso el era el anciano que le había comprado la maquina al anciano sabiondo, a lo que el anciano le respondió que sí. El niño le hizo unas preguntas, el anciano le conto algunas historias de su vida, de su empresa, hasta un cuento. Cuando ya hubo terminado el anciano con nombre de tierra o arena de contarle sus historias, su cuento o lo que sea que haya estado diciendo, el niño le pregunto si acaso el podría someterle a dicha maquina, a lo que el anciano contesto que no, que no tenia porque prestarle mis cosas a un mocoso como tú, que se atreve a entrar en mi empresa de esa forma, sin pedirle permiso a nadie e ignorando la creación kafkiana de la entrada, y que inclusive se quedo dormido a la entrada de mi despacho. Entonces el niño saco su as de dentro de su bolsillo, as que siempre había soñado usar pero que nunca se había presentado el sueño correcto para usarlo. Entonces tomo el as, lo apunto en dirección hacia el anciano, cargo los diamantes, apunto con las picas, presiono el corazón y disparo el trébol, el que fue a dar entre ceja y ceja, para que sus 4 hojas se abrieran en el centro de su cráneo.
El niño entonces camino en dirección al escritorio y vio sobre él la máquina para saber lo que él quería saber. Entonces se subió a la maquina, presiono el botón verde que decía On y despertó, con mucho sueño, para ir a la escuela, sintiendo que había soñad algo pero sin recordar que lo que era. Esa noche exploto una bomba en el centro de su ciudad, y esa noche también el murió, tres segundo después de recordar sobre que era su sueño. Su último pensamiento fue “¿Qué habré sido? ¿Un sueño, una pesadilla, o el producto de mi imaginación?”
-¿Y para que me cuentas eso?-
-Te dije que te contaría un cuento, y ese es uno. Me gusta llamarlo “Cuento para antes de despertar”, ¿Y sabes por qué?-
-No. Dime-
-Porque la única vez que lo he contado, fue antes de que a quien se lo contase despertara-
-¿Y cómo es que esa persona lo oyó si aun no había despertado?-
-Porque se lo conté en un sueño, antes de que me disparara un trébol-

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