Dejó su libro sobre sus piernas cruzadas en forma de falso loto. Inclino su cabeza hacia tras para ver la copa del árbol, mientras su pelo se enredaba con las rugosidades del árbol. Las hojas se mecían suavemente al son del compás natural, cantando al unisonó con el viento, dejándose llevar por sus tersas notas hasta llegar al crecendo, antes de morir en le suave aplauso de las aves que moraban aquella antigua obra de la tierra. Tierra por sobre la cual se levantaban los caminos humanos, camino por el cual pasaba un camión de bomberos perturbando el silencio del crepúsculo trémulo, quitándole la atención a la magnificencia de las hojas y llevándola hacia la columna de humo que se veía vecina al lugar de aquel antiguo árbol.
“Un incendio” pensó el, casi como intentando hacerse creer que aquello podía ser verdad, haciéndose creer que ni los sistemas sofisticados que sus pares mas habilidosos habían inventado para evitarlos ahora fallaban. Pero así era, una columna de humo comenzaba a llegar a su posición y a traerle aquel hermoso aroma a destrucción y calor, casi como el segundo grado del amor.
Camino a paso apurado por la acera, no le preocupaba tomar el lugar de los vehículos por calles tan poco transitadas como aquella. Cruzo un par de cuadras y vio las primeras llamas que intentaban rasgar el cielo color gris de una tarde que moría en los brazos de una noche fantástica. Pronto a pronto el edificio nació a su mirada y sus fuegos adornándolo le iluminaron sus pupilas. Bellas ondas de calor y luz se arremolinaban por sobre el techo, siguiendo casi el ulular de las sirenas de los carros de bomberos, y a veces desentendiéndose de las mimas para oír el coro que la baliza policial traía a este hermoso recital de movimientos explosivos de electrones, mientras la materia del edificio se corroía hasta sus cimientos.
Fue a pararse junto a una de las ambulancias que esperaban que algún heroico bombero trajera algún cuerpo de aquel infierno celestial, para así devolverle toda su vida y cumplir con su deber y su conciencia. Y de aquel lugar donde sus pies lo habían llevado veía con admirable calma como los hombres de negro y amarillo, armados solo de una manguera roja, la fuerza de sus brazos y agua, combatían al segundo y más poderoso elemento de la naturaleza. Y mientras veía esta frenética batalla vio salir a uno de estos hombres de esta boca de sabueso envuelta en llamas, cargando sobre sus brazos a un niño que casi muere atrapado dentro de aquella mansión incendiada. Más halla un furgón con el logotipo del canal de noticias se aparcaba y dejaba salir a los devoradores de sucesos, para que estos desangraran esta tragedia, la enfriaran como ni el agua puede hacerlo, y la convirtieran en un plato capaz de ser comido como postre en la cena de las 11pm. “Podrían entrevistarme a mi” pensó el “Lo he visto todo, les daría buenos detalles” se decía mientras el bombero cargando al niño avanzaba hacia el paramédico que lo esperaba en la ambulancia a su lado. Por un momento, ínfimo y miserable, el bombero se detuvo mientras desviaba la mirada hacia el niño que cargaba en brazos. “Que le abra dicho pensó el”. El bombero se acerco al paramédico para entregarle al muchacho. El paramédico lo tomo para comenzar a revisarlo. El bombero se devolvió hacia el lugar en llamas, entro dentro de la casa, todo ardía allí, todo era anaranjado, algunos ribetes azules, algunos amarillos, algunos rojos. Su cuerpo transpiraba sediento bajo la mascara y el traje. Estaba seguro que había visto alguien más en aquella habitación, un hombre, quizás el padre del niño. Corrió hacia las escaleras para subirlas con mucho cuidado, en cualquier momento estas podrían ceder. Uso un pie en el segundo piso de aquella construcción. Uno de sus compañeros traía a aquel hombre afirmando y apoyando su caminar adolorido. El le decía algo, su compañero le respondía otra cosa. El corrió a su lado, al tiempo que el hombre se desprendió de su compañero, lo tomo del traje, por la parte bajo el cuello, lo miro desafiante y le pregunto por el niño. “Esta abajo, con el paramédico” le grito por sobre el crujir de la casa. El hombre se sereno un poco y le pregunto si estaba bien. “Si, lo esta” Le respondió el “Me hablo cuando salíamos”. El hombre se tranquilizo entonces, saco algo de su bolsillo mientras fuera el paramédico desfibrilaba al muchacho. Un niño en la conciencia pesa más que diez adultos. Este venia vivo, no podía morir en sus manos, no soportaría otro niño más en su conciencia. Le dio respiración boca a boca, y el niño despertó, y cuando sus ojos se abrieron completamente, al tiempo que fuera la prensa entrevistaba al joven que hace rato leyera bajo un árbol, al tiempo que los bomberos veían con horror que sacaba aquel hombre de su bolsillo, la bomba exploto.
La explosión salió desde las entrañas de la casa, un huracán de reacciones en cadena que descomponían la estructura más rápido que cualquier fuego. Se sintió un latido de destrucción, y luego todo voló por los aires. El grupo de tres bomberos que sostenían la manguera que intentaba controlar el fuego del área norte del edifico subieron juntos hasta por sobre el camión de bomberos hasta que cayeron contra el vehículo de policía que estaba aparcado detrás. Uno de los caminos de bomberos se volcó, otro alcanzo a frenar sobre una ambulación al tiempo que aplastaba a uno de los paramédicos dentro de ella. El camarógrafo desvió su atención del entrevistado para agacharse y tener una posición segura para ver todos los hechos. La ambulancia donde el chico lentamente ahora se levantaba, se bamboleaba fuertemente por la onda expansiva.
La explosión seso, los ilesos ayudaron a los heridos o lloraron a los muertos. El reportero tomo lugar frente a su cámara y comenzó la transmisión de los hechos. El paramédico veía con alegría a aquel muchacho recuperado. El joven que antes leía vislumbraba boca abierta la fuerza de la explosión, los horrores de las muertes, y su retina se traumaba con todo para tener una imagen grabada a fuego lento en lo mas hondo de su ser.
“¿Dónde esta?! Pregunto el chico al paramédico. “¿Dónde esta quien?” le devolvió. “El hombre de la arena, ¿Dónde esta?”.

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