Esta tarde, o la que para mí fue esta y para ustedes es aquella, llego a mis delgadas manos un peculiar regalo, y creo que su peculiaridad residía en su capacidad de ser potente pero simple. El regalo era un sencillo pergamino, o aparentaba serlo. Era de esos que compras por ahí sin mirar, cuando no sabes que regalar y descubres una sencillez que va justo como un milagro en aquella escena. Pero no me importa la razón, sino esta forma que ahora cuelga de mi pared gris. Es alargado, en su extremo superior e inferior se dejan presentar dos tablillas (Aunque más que tablillas, astillas de madera de mala calidad), con delgadez casi de papel doble. En su cuerpo se encuentra una hoja de aquellas que usan para escribir las tarjetas con que te anuncian una noticia importante (Para quienes te la dan), como un matrimonio, una finalización de un periodo arduo, una cena a conmemoración de algunos muertos que dieron la vida para librarnos de la opresión y que ahora lloran en sus tumbas al vernos oprimidos dentro de nosotros mismo. Para mi falta de fe, en el fondo se encuentra un monumento característico del lugar de donde trajeron este extraño presente, que es una cruz compuesta de tres brazos que solo se unen cuando los dos brazos de los lados se pliegan, cada uno hacia en dirección contraria al brazo central, y el del medio se enhiesta con fulgor hacia el cielo. De hecho, si lo miras desde sus faldas parece un gigante con sus brazos extendidos y cuya cabeza es del mismo ancho que su cuello. Pero lo importante residía sobre esta imagen, impresa como marca de agua en el papel. Es un pequeño texto, sin mucha poesía y sin mucha imaginación, de una simpleza abrumadora, como una carta que solo diga “Te amo”, como un adiós con un simple “Adiós”, como un beso en la comisura de los labios, como una lagrima en un sueño. Pero la capacidad que dicho detalle tenia de plasmar mi propia situación al momento de leerlo, y más que todo, mi filosofía entera, me hizo subir los hielos de mis pies a mi cabeza, corriendo ellos como un gato huyendo de su actuar natural. Y cuando repasaba con mis ojos tristes aquella maravilla de la sencillez, mi mente viajo a un pasado tan remoto que casi no recuerdo el cuando, pero si el que: Mi primera osadía frente a las letras que todo lo dominan, y que ahora refulgía como un zombie en mi frente.
Después de tener en mi cabeza esta sencilla y antigua idea, me pregunte que hubiera sido de ella. Solo sé que la deje olvidada en una Computadora de una escuela que ahora es otra, con un profesor que ahora es otro, y con unas computadoras que ahora son otras. Y mis recuerdos saltaron al momento en que se comentaba del robo de aquellos computadores, y también cuando tecleaba en la pantalla el titulo del relato con un orgulloso 2 al final de el mismo, y de cómo se me culpo de un crimen injusto, y de mi primer amor platónico, y de ahí hacia la primera vez que escribí sobre el amor, desmembrándolo como a una enfermedad, intentando sintetizar sus efectos, y sin siquiera saber de ellos, y ahora regreso a donde amo y no me siento enfermo, ya que la única enfermedad que padezco es ser un humano, incapacitado de ser algo así como una hormiga, sin pensamientos pero lleno de felicidad, por que como humano pienso en lo injusto de esta realidad y de su sinsentido, carente totalmente de lógica, como aquel muchacho que escribía un relato de terror en clases de poesía, mientras su maestro le enseñaba a no redundar, y él lo entendía como no repetir, ya que estaba a punto de entrar en el laboratorio, se vengaría, así como la justicia no permite estos días, así como la moral nos lleva a tragarnos el odio, a ser menos humanos y mas humanos de acuerdo a lo que ellos entienden como humanos, y que son casi tan poco humanos como aquel que ahora apaga las luces del laboratorio y entra a hurtadillas en la sala, mientras sus compañeros alrededor ríen y juegan y comenten el crimen del que lo culpasen por estar escribiendo sobre el tipo que levanta su deforme mano y atraviesa el inhumano corazón de aquellos que lo crearon, de aquellos humanos que violaron su vida y la de su hijo para generar un ser capaz de destruir inclusive a quien lo crease, de blasfemar y asesinarlo, de acabarlo como quien tira un celular malo, ya no le sirves a este mutante, maldito trasto, ve a resonar con tus tonos monofónicos a otro universo, deja en paz con su venganza a este ser que nada tuvo que ver con los crímenes que se le imputan, que jamás permitió que su vida saliera a la luz ya que en aquella conspirativa mañana él y el resto de los éforos robaron los computadores para que jamás conocieran su nombre, porque su nombre viajaría a través de los años hasta su creador, para advertirle: Solo dos segundos para media noche. Aprovecha y apaga tu computador, que pronto la energía se irá.
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