Cuento sin Lagrimas

23 ene 2010
    -De todas las cosas malas que podrías haberme hecho – Le dijo a los parpados cerrados, a la boca abierta y al suelo cubierto de aquel cuerpo – la peor de todas era haberte muerto –
No había sangre en ningún lado. No había desorden ni destrucción. No habían lágrimas. No habían estupefacientes. No había sudor. No había olor a muerte. No había arrepentimiento ni remordimiento. Siquiera había algo más que el suelo y los dos cuerpos de condiciones opuestas.
    -¿Acaso se te ocurrió pensar en algún momento en mi? ¿Pensaste que tendría que cargarte, pensar donde enterrarte? ¿Pensaste en lo caro que me saldrá todo eso? Tendré que contratar un especialista para que te entierren, tendré que cargarte hasta el auto… -Ahora está el suelo, los dos cuerpos de condiciones opuestas y un auto, un Mustang negro. -¿Pensaste en el Mustang acaso? ¿En que sus asientos son caros? ¿En el olor que expelerá tu cuerpo dentro de poco? ¿Y si sangras? ¿Sabes lo que cuesta borrar la sangre? – “La sangre no se borra amigo” le respondió su cabeza “Ni la cara de los muertos tampoco” – Hermano, mira, el punto es que me estresa pensar en todo lo que va a pasar porque a ti se te ocurrió morir ahora, aquí, en medio de la noche… – Ahora está el suelo, los dos cuerpos de condiciones opuestas, un Mustang negro y la noche – así que hagamos algo para solucionarlo… uhm… déjame ver… ya se, y si mejor te pones de pie, yo hago como si nada hubiera pasado y todos felices ¿Te parece? – “Viejo está muerto, y hasta donde yo se los muertos no hablan” su cabeza al habla - ¿Ves que me dificultas las cosas haciendo esto? ¿Por qué no te esperaste hasta que estuviéramos en casa?- Ahora está el suelo, los dos cuerpos de condiciones opuestas, el Mustang, la noche y la lejanía de casa - ¿Tenía que ser acá, no? ¿La idea era fastidiarme, no cierto? ¡Ahg!... sabes, mejor quédate acá con tu silencio mientras yo voy y llamo para que alguien venga y me ayude contigo- Ahora está el suelo, los dos cuerpos de condiciones opuestas, el Mustang, la noche, la lejanía de casa y un celular.

    Pasos, sobre un suelo duro, quizás cemento, quizás asfalto, quizás madera, quizás hielo, quizás metal… doesn´t matters, son los pasos los que importan, ya que avanzan hacia el Mustang negro, para detenerse frente su puerta y ahí permanecer estáticos por unos momentos mientras… -Halo… oye dame con tu hermano porfa… gracias- sonó un paso en posición fija, y luego otro y otro, como marcando el paso de algún ritmo desconocido, o marcando el tono del nerviosismo de aquel que lo promoviese – hola viejo, mira… la cosa es que tengo “un problema”, you know, y quería ver si acaso podrías echarme una mano por acá… ya… mmm entiendo… si, si, sabes que no tengo problema con eso… mmm ok, entonces en 15 minutos más… yap, nos vemos entonces. Oye espera, ¿Cómo vas a saber dónde estoy?... ah ok, verdad. See later… bye – El sondo rítmico de los pasos ceso - Oye - Gritole al cuerpo del suelo – Vendrá alguien a arreglar toda la caga que dejaste acá, ¿supongo estas feliz, no?-
    Sus pies se giraron de la posición en la que estaban y el Mustang descendió levemente hacia el suelo al tiempo en que resistía el peso de aquel cuerpo. - ¿Dónde están?- Revolvía la guantera del Mustang. La dejo tranquila y busco en los asientos traseros con la mirada, mientras su pie izquierdo abandonaba el suelo. –Jeje, aquí tan- Levanto los dos pies del suelo para alcanzar algo del asiento trasero del Mustang negro. –Amigos míos, ustedes son mis mejores amigos, ¿Y saben porque?, porque siempre me han apoyado en los momentos más difíciles de mi vida. – Prendió un cigarro. Ahora está el suelo, los dos cuerpos de condiciones opuestas, el Mustang negro, la noche, la lejanía de casa, el celular (ahora en el bolsillo derecho de su pantalón), el pantalón, la cajetilla de cigarros, los cigarros y un encendedor. Exhalo la primera bocanada de humo lentamente hacia la noche sobre su cabeza.

    -Finalmente se compro el Mustang este hijo de puta- Dijo mientras descendía de su auto. Y en su descenso vio el cuerpo tirado a unos metros del Mustang negro – ¡¿Eres idiota o qué?! Estas a pocos metros de la carretera y tienes un cuerpo tirado ahí para que todos lo vean. ¿Sabes cuantos vehículos pasan por esa pista? Podrían haberte visto, ¿Lo captas?, y te hubieran culpado de todo aunque fueras inocente y estarías preso, y puede que hubieras puesto en riesgo mi libertad. – “Y para que quieres libertad con lo que te espera en la ciudad” Le dijo su cabeza “Y cállate ya, sabes que nadie lo vio ni lo verá” - ¿Por qué mejor no sales del MASTANG para que hablemos de negocios? – “No saldrá”. Caminaba en dirección al Mustang. Cruzo por frente el vehículo, que tenia las luces encendidas por cierto, y se encamino hacia la puerta abierta el copiloto. Veía precariamente una silueta negra sentada en el asiento del copiloto. – Oye viejo, sal de ahí.- Sus ojos se agrandaron, aunque ya con poca impresión. No era nuevo, pero si chocante. Y todo por haber sentimientos de por medio. –Cannot be… not you-

    Arena, esa era la palabra correcta que jamás encontró en su cabeza mientras le con aflicción decía al hombre de la bata negra: “Era como si fueran hechos de… no se… de…”

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