Me pregunto qué hago aquí, con el asfalto bajo mis zapatos, intentando decidir, mientras en mi cabeza solo suenan voces lúgubres y trompetas divinas.
Me siento como un átomo, componiéndome de dos cosas en mi interior, y con muchas más girando derredor. Ojala fuera una molécula, ojala fuera un compuesto. Ir sobre un enlace, sobre los elementos. Pero desear eso me lleva a querer mas ser solo una parte del todo, algo tan mísero como un protón, un quartz, para que por mi solo no sea, no sepa nada, y no pueda decidir nada, pero formando parte de un ente. No quiero estar en el medio, sabiendo tanto y desconociendo tanto. Me atormenta esta neutralidad de mi ser, tanto equilibrio que lleva al caos, tanto caos que ordena el universo. Quisiera ser solo una ameba, un plancton. Tener solo un destino, no 7 mil 2 millones.
No es una mochila, es una bomba, y explotara en mi espalda y los matara a todos sin que siquiera vean fuego. Y no puedo quitarla de ahí, sea adhiere a mi piel, está bajo ella, como un virus dentro de su portador, esperando donde multiplicarse; Como la humanidad dentro de este planeta.
Odio mi libido, odio mi transistasis, odio tener tanto dentro de mí e importar menos que una vaca en medio de un pastizal. Podría caer muerto ahora y el mar no se agitaría, el cielo seguiría azul por las tardes y negro por las noches. El sol continuaría saliendo cada día. Pero n o quiero ser mas, y lo deseo con mis fuerzas a la vez. Quizás si la perfección alcanzase, si todo lo supiera, esto no existiría en mi mente. Sería más feliz que el doctor Manhattan, y no tendría que destruir ninguna cuidad para lograrlo.
¿Y si la perfección está en la ignorancia absoluta, así como los cristianos lo proponen? ¿Y si para quitarme los miedos deberían volver a ser algo que no piensa, que solo es instinto y vida?
Pero estoy atrapado en el medio, sin libertad de moverme. Atrapado a respirar para vivir, obligado a beber para existir, y sin derecho a decir ¡No! ¡Ya no respirare mas, me canse! Enclaustrado dentro de esta carne que se pudre poco a poco, sin poder salir de ella. Enjaulado a este universo, a mi pasado y eternamente deambulando en mi presente, creyendo en un futuro que quizás solo exista como palabra, no como realidad. Ojala no existiese, así serian más fáciles las decisiones como esta. Así podría dejarme caer y abandonar todo de una vez, despreocuparme de las consecuencias, porque estas aun no existen, y no sé si existirán, nadie puede probarlo.
Y heme aquí, apresado por un destino que no debió corresponderme, con una decisión en mis manos tan grande que solo pensarla es imposible, preguntándome que hago aquí, mientras el asfalto se corroe bajo mis zapatos, y comienza a engullirlo la madera tersa y blanca que solo desde el núcleo puede venir.
Lo único que deseo es que al abrirse la puerta bajo mis pies, suenen trompetas y voces, y una vaca me espere, de espaldas, sobre el pasto.
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